¿Qué es la imaginación?

No podemos imaginar nada que no hayamos visto antes de forma implícita. Bajo esta premisa, la imaginación por tanto sería la realidad vista con buenos ojos. Una realidad que se permite el lujo de ser distorsionada porque aún no conoce el significado de la decepción, con la sensación de un amor incondicional, la ilusión de un camino nuevo sin precedentes y la esperanza de la ausencia de límites.

Los niños tienen la capacidaz de ver con sencillez las situaciones complicadas y de complicar las cosas sencillas. ¿Cuántas veces habremos escuchado a un adulto decirnos de niños que la vida no es tan sencilla, que no es blanca ni negra, sino gris? Luego, sin embargo, a la hora de vestirse, un adulto optará por el blanco y negro mientras que un niño se vestirá de colores descombinados y accesorios de fantasía.

Curioso resulta que un adulto tendrá imaginación cuando quiera estimular la capacidad mental de un niño cuando a penas tiene conocimiento, porque ¿quién sino inventó el Ratoncito Pérez, Papá Noél, los Reyes Magos y las películas de Disney? Así que, cuando por fin han pasado años educando a sus hijos sobre poderes mágicos, animales que hablan, mundos paralelos y genios de las lámparas que conceden deseos, estos mismos adultos les dicen que todo aquello era mentira, les castigan cuando en la adolescencia se revelan contra un mundo que no comprenden y lo peor de todo es que cuando la incongruencia mental con respecto a la realidad persiste, creen que todo se soluciona con una pastilla. Entonces viene Freud para tratar de ordenar las ideas de su infancia.

En la película Big Fish, Tim Burton logra romper este esquema con un padre que cuenta la historia de su vida hasta la saciedad de su hijo, aliñando cada detalle con hipérboles y hazañas heroicas, todas ellas con la temática común de resolución de conflictos que se fueron presentando a lo largo de su vida. Lo que su hijo entiende como un acto egoísta de su padre por engrandecer una vida mundana, se revela en su lecho de muerte como una necesidad por embellecer los recuerdos de realidades amargas.

La decoración de anécdotas en Big Fish no es simplemente una manera de dejar un legado memorable en su hijo, sino también una lección de imaginación resolutiva, de que la imaginación no sólo sirve para entretener, sino que bien aplicada, permite cambiar la perspectiva de los conflictos para buscar soluciones.

Facebook K.O.

He llegado a tener casi, 5.000 amigos en Facebook. Por lo visto, cuando alcanzas los 5.000, ya no puedes agregar más. En teoría, si vas a tener más de 5.000 amigos, es mejor que te crees una página como atleta o celebridad, donde la gente te sigue en lugar de solicitar amistad.

Yo, por motivos de trabajo, me fue útil tener a tantos “amigos” en la red social porque era una forma de asegurar la difusión de las publicaciones. Por si alguien no lo sabe, cuando vas a solicitar una propuesta de patrocinio, te conviene decir el número de seguidores que tienes en tus redes sociales. En uno de los grandes puntos a tener en cuenta. Ídem para buscar empleo como community manager o ser directora de comunicación para un servicio web.

Pero cuando te pagan para publicar cada día algo en las redes sociales, llega un momento en el que las aborreces. Empecé borrando las aplicaciones de Facebook, Twitter e Instagram del móvil; para ser una persona que trabajo cada día desde el ordenador, suficiente es ya acceder a ellas a modo de procrastinación desde el mismo.

Hay veces que pasan días sin meterse una en Facebook…pero luego siempre vuelves a caer por si ves alguna foto nueva de alguien que conoces pero la realidad es que pierdes minutos viendo mierda, porque no tiene otra forma de calificarse. Así que, recientemente, no sé, será la madurez que empieza a asentarse en mi, he comenzado a eliminar “amigos” que desconozco. De 5.000 pretendo quedarme en ¿500? no sé, ¿cuántas caras se supone que puedo llegar a conocer cuyas fotos de su vida puedan aportar algo a la mia, de entre aquellos con los que coincidí en el colegio, en la universidad, en el deporte, en el trabajo, en algún viaje, más aquellos que verdaderamente son amigos y familiares?

Así que me meto en el muro y voy eliminando a todos aquellos que no conozco de nada cuyas publicaciones ya no merece la pena ni seguir haciendo “scrolling” para pasarlas. Me refiero a todas esas fotos de la esfera del “Garmin” o cronómetro con GPS con sus datos tras su entrenamiento sin que Garmin les patrocine por ello, o todos aquellos que publican fotos de sus zapatillas de correr embarradas sin que Nike les pague por ello.

De todos aquellos que en su perfil dicen que “trabajan en triatlón” o que “han estudiado en la universidad de la vida”. ¿En serio? ¿Era necesario?

De todos aquellos que se empeñan en compartir enlaces de noticias que no son reales, como “el eclipse que durará 96 horas” en agosto…lo buscas en Google y resulta que ya tenía que haber ocurrido este pasado diciembre…no sé, supongo me acordaría si hubiese pasado tres días de mi vida sin luz solar.

De todos aquellos que publican fotos de las ampollas en sus pies….uggghhhhh.

De todos aquellos que quieren compartir artículos sobre los beneficios del sexo y sobre qué alimentos no comer…pues para mi es como hablar de lo mismo, es decir, si a estas alturas de la vida aún no sabes responder tú sólo ambas preguntas, es que eres muy lelito.

De todos aquellos a los que les gusta compartir videos de catástrofes y accidentes…lo que opino de esta temática es que si vas a aportar una solución, adelante, yo adopté a una perra después de ver su foto en publicada por una asociación para salvar a los perros de una perrera municipal, pero si no vas a ser parte de la solución y es que sólo te va el morbo…pues yo paso.

Y por favor, las frases de motivación barata y las fotos pornográficos de cuerpos sudorosos después de entrenar marcando abdominales ya están muuyyyy vistas.

Lo curioso es, que cuando empiezas a eliminar de tu Facebook a todos aquellos que te solicitaron amistad no sé por qué, al principio pensé era por el triatlón pero más tarde descubrí que no conocía de nada, vuelven a resurgir en tu muro fotos de gente que sí conociste y que hace mucho que no sabes nada de ellos.

Into The Woods. Disney vs. Disney.

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Lo confieso, soy de la generación Disney. La primera película que vi en el cine fue Parque Jurásico, la segunda El Rey León y la tercera Pocahontas. De todas ellas, me dió pena salir del patio de butacas para abandonar esos mundos y pisar sobre el asfalto madrileño. Y es que hay que reconocer que el mundo es mucho más bonito cuando tienes un sauce llorón al que contarle tus movidas, que suelta hojas doradas al viento, o un sabio mandril con quien poder sentarte a mirar las estrellas a falta de abuelo o el típico animal positivo que siempre te canta canciones para alegrarte la existencia, ya sea un facochero y un suricato que te cantan Hakuna Matata, el perezoso de Ice Age, el burro de Shrek o el muñeco de nieve de Frozen.

Y he disfrutado en plenitud de la magia Disney, de ver los VHS desde Fantasía en adelante, de visitar Disneyland en Orlando, la tienda Disney en la quinta avenida de Nueva York y hacerme la foto con el abrigo de Cruela de Vil o comprar los peluches mejor fabricados que he tenido, el espectáculo sobre hielo de La Bella y La Bestia y llevarme de recuerdo a Chip, la tacita de té rota feliz, las canciones de Frozen en Spotify…

También he tenido mi etapa de rebeldía, del “esto no es Bambi” e incluso de escribir mi propio poema, en inglés, que a continuación copio:

Fuck you, Disney
For the World you taught doesn’t exist,
For the illusions of death to us part,
For believing soulmates are for each one of us,
For perfect faces to fall in love.

Fuck you, Disney
For a World with an entrance fee,
For a fantasy with a season pass
For a merchandised dream land.

Fuck you, Disney
For hope is all I hold
For devastation after expectancies not made
For a love that doesn’t correspond.

La verdad que el segundo párrafo tiene la ironía muy bien puesta.

Ayer vi Into The Woods con grandes actuaciones de Meryl Streep que nunca defrauda ni cantando. De expresión camaleónica y detallista de pies a cabeza, con una belleza peculiar que trasciende las arrugas en su rostro y nace de su actitud. No la conozco personalmente, pero siempre logra transmitir incluso en las entrevistas. El otro personaje digno de mención es el chavalín que hace de Jack y las Judías, Daniel Huttlestone, con una voz llena de color, así como Lilla Crawford en el papel de Caperucita Roja. Es evidente que es más fácil buscar voces talentosas entre un casting de niños que entre papeles para adultos donde pesa más el nombre del actor que su talento musical.

La película empieza entrelazando cuentos paralelos unidos por la maldición de una bruja, con cada personaje cantando lo que desean y el guión se desarrolla como cualquier cuento de comieron perdices y vivieron felices hasta la mitad de la película.

***SPOILER*** Cuando crees que la historia ha terminado, el cuento sigue. Y sigue para los adultos. Claro que uno ya debería haberse dado cuenta de la ironía en la historia durante la canción a dúo de los dos príncipes, en concreto cuando uno se abre la camisa, y el otro le mira y se la abre también de la forma más falsa. El desengaño amoroso de Cenicienta, el beso de la mujer del panadero con el príncipe y su posterior fallecimiento, la muerte de la madre de Jack (pero de esto ya estábamos curados en salud gracias a Bambi), el rechazo del panadero al ser padre viudo, Caperucita huérfana y la duda de Jack sobre si perdonar la vida al gigante que les acecha. En fin, la vida misma, que no es ni blanca ni negra, sino un espectro de grises.

La moraleja y el guión se completa al final de la película, cuando cantan “No one is alone” lo que serían los adultos hacia los niños y de la cuál debemos quedarnos con las siguientes frases:

“Nadie está solo; de verdad, nadie está solo.”

“La gente comete errores. Padres, madres, la gente comete errores.”

- “Las brujas pueden tener razón, los gigantes pueden ser buenos. Tú decides lo que está bien y lo que no”

Y ya como colofón final, por si no había quedado clara la moraleja, la canción de “Children will listen”, donde aquí ya no es el mensaje del adulto hacia el niño sobre lo que la vida verdaderamente es, sino un mensaje de Disney hacia los adultos:

“Cuidado con las cosas que dices, los niños escucharán. Cuidado con las cosas que haces, los niños verán y aprenderán. Guíales por el camino, los niños escucharán. Los niños mirarán hacia tí para ver qué camino tomar, aprender qué ser. Cuidado antes de decirles “escúchame”, los niños escucharán. Cuidado con lo que desees, los deseos son niños. Cuidado con los caminos que tomes, los deseos se convierten en realidad pero no son gratis. Cuidado con hechizos que lances, no sólo en niños. Algunas veces estos hechizos pueden durar, más allá de lo que puedas ver, y girarse contra ti. […] ¿Qué le dejas a un hijo cuando mueras? Sólo las cosas que le metiste en su cabeza”.

Disney, que empezó jugando en blanco y negro con Pluto y el Pato Donald y poniendo animación a grandes composiciones orquestales en Fantasía; compañía a la cual se la ha acusado de incluir elementos fálicos subliminales en películas como en Aladín (lo sé porque yo hice un trabajo para la universidad sobre esto) se reinventa ahora para decir “No me echéis las culpas a mi por la educación de vuestros hijos, es responsabilidad vuestra”.

Pero como dije antes, la vida ni es blanca ni es negra, sino gris, y en saber apreciar lo bueno de cada cosa está la virtud. Disney ha creado más magia por el mundo que David Copperfield. Ser capaz de apreciar la fantasía sin perderse en ella enseña a ver el mundo con buenos ojos, a admirar las cosas bonitas que dilatan las pupilas y abren sonrisas, apreciar cuando alguien tiene buen corazón sin olvidar que hay que caminar con paso firme y templanza cuando las cosas no son como desearíamos. 

La gente quiere hablar de problemas, no de soluciones

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Son las 6 de la mañana y salgo a pasear con mis perras al parque. Madrugo, porque tengo trabajo que hacer y quiero aprovechar la lucidez mental de la mañana. Al aproximarnos al parque, aún de noche, reconozco al dueño de un dálmata.

Este dálmata tiene prácticamente la misma edad que mi galga y el invierno pasado jugaban bastante en el parque corriendo sueltos. La educación que llevaba este dálmata era espectacular. Tanto el padre como el hijo que le paseaban, se sentían orgullosos de la obeciencia de su perro. El perro podía pasear sólo, devolvía una pelota de cuerda fabricada por ellos, se sentaba y demás acciones.

Pasaron varios meses en los que yo dejé de caminar por aquel torrente para evitar que las espigas secas de las gramíneas pudiesen meterse en los oídos de mis perras.

Hace un par de semanas volví a encontrarme con este dálmata y sus dueños, quienes me hicieron el comentario de que el perro estaba últimamente desobediente. El dálmata había crecido, era un macho joven de dos años y esa energía hay que saber canalizarla.

A veinticinco metros de la entrada del parque (eran veinticinco porque yo las distancias las mido en largos de piscina), observo cómo el padre echa la vista atrás en un último intento de llamar a su dálmata, y sale del parque del torrente hasta girar por una calle sin mirar atrás, sin llamar a su perro, sin interesarse lo más mínimo.

Me acerco a la entrada del torrente con mis perras y el dálmata viene a saludarnos. Intento cogerle del collar con cautela pero el perro se aleja y empieza a caminar por la calle. Me detengo a ver si el perro sigue la dirección de su dueño pero al ver que no es así, decido seguirle en su busca.

Perseguimos al perro por un parking de coches, le perseguimos por la calle, le perseguimos hasta otro parque, preguntamos a un hombre, preguntamos a otro, y finalmente el perro entra en un complejo de casas. Tuve la suerte de poder comprobar con un vecino que salía a trabajar en ese momento que el dálmata efectivamente, habitaba allí.

Me senté con mis perras en unas escaleras, a diez metros del perro, a esperar. El perro poco a poco se acercó a saludarlas hasta que le pude atar mi correa. Yo sabía que el dueño empezaba a trabajar temprano por lo que no tardaría mucho en pasar.

Minutos después, aparece el dueño tirando una bolsa de basura al contenedor.

– Estás un poco desesperado con el perro, ¿no? – Amistosamente pregunté.

– Pues sí. Bastante – Respondió mientras le cogía del collar – Pero no puedes hacer nada por ayudarme.

– Bueno – Odiaba esa actitud conformista – Podría haberle atropellado un coche. Abandonarle no es la solución.

– ¡No por Dios! ¡Abandonarle no! – Por un momento vislumbré la ilusión de todo aquel que tiene un perro. – He encargado un collar eléctrico. Ya no sé qué otra cosa hacer.

Su desesperación era inmensa. Se le veía en sus ojos, en su tono de voz y la actitud corporal cabizbaja. Este hombre me caía bien. Era un buen hombre. Su hijo era un chaval muy bien educado. Yo no quería discutir. Sólo quería ayudar y evitar que el perro terminase abandonado y atropellado.

– Si deja que vuelva sólo a casa, el perro en lugar de tener miedo, se cree el líder, se da paseos por el barrio y regresa a casa cuando le da la gana. – Acababa de presenciarlo – No le suelte la correa.

– Si no le suelto la correa luego me destroza la casa. Encima tengo a mi padre enfermo y no tengo tiempo de andar persiguiendo al perro.

– ¿Está castrado?

– No

– Eso podría ayudar a calmar al perro. Yo puedo ayudarle a buscar soluciones, pero no lo abandone.

El hombre me dió la espalda y empezó a caminar al interior del edificio.

– Yo podría pasearle por las mañanas que tengo más tiempo – Me ofrecí.

Descendió el ascensor y el hombre desapareció, sin dar más respuesta, sin un “gracias por preocuparte”, “gracias por querer ayudar”, “adiós” o si de verdad no quería mi ayuda, hubiese bastado con un simple, “No voy a abandonar al perro. Encontraré una solución” para que yo dejase de insistir y me despreocupase de verdad.

Esto es lo que he aprendido en mis intentos de ayudar a gente. Cuánto más tratas de ayudar, más se alejan de ti. 

Da igual que tengas una actitud pacifista, diplomática y proactiva. La gente se aleja cuando tratas de ayudar.

¿Por qué cuando empaticé con su desesperación, el hombre entró en el diálogo, y cuándo le ofrecí soluciones, se cerró en banda?

La gente quiere hablar de problemas, quieren regocijarse en la desesperación y que les den la razón del tipo “es verdad, pobrecito, qué se le va a hacer” y sin embargo nadie quiere hablar de soluciones.  

Teoría sobre “Love Theme” de Vangelis y “Can’t Take My Eyes Off Of You” de Frankie Valli and The 4 Seasons

Vangelis-Blade-Runner-Love-Theme

Hoy estoy lo suficientemente inspirada como para volver a escribir en el blog, y, por qué no, hablar de música.

Hace unos años cuando estudiaba el grado, tuve la oportunidad de escoger una optativa que eso no era una asignatura, era un regalo. De esas asignaturas que volverías a repetir. “Bandas Sonoras del Cine”, ni más ni menos, impartidas por un profesor primerizo con experiencia como compositor musical en la industria.

Que te recuerden cómo usar el oído cuando el sentido principal es la visión, es un regalo. Entrenar la capacidad de escuchar lo que ocurre a tu alrededor y a la vez ser capaz de mantener la vista en otra actividad y los pensamientos en otro diálogo aporta una sensación de conciencia de lo que te rodea que aporta una realización positiva, un vivir el momento. A veces, ese instante puede regalarte coincidencias curiosas, como una propia banda sonora real en un determinado momento de tu vida con letras que pueden intensificar las emociones.

No me voy a enrollar porque este post no es un simposio sobre bandas sonoras del cine, pero acercaré mi propósito recordando aquella anécdota en la que en el proyecto final de la asignatura, hice un estudio sobre las bandas sonoras de las películas de James Bond. Todas. Las 22 en total, porque era el 2009 y la de Skyfall aún no la habían estrenado.

Una de mis teorías fue la de que la banda sonora icónica, la que suena cuando se ve cómo dispara desde el cañón de la pistola, de Monty Norman, que en principio estaba inspirada en una canción india “Good Sign, Bad Sign” de la película “A House for Mr Biswas”, guardaba tonos armónicos y de instrumentos muy similares a los empleados anteriormente en el Spaguetti Western de Clint Eastwood, y que eso podía ser un simbolismo entre el carácter de James Bond británico con el Cowboy americano. 

Obtuve un sobresaliente en ese trabajo pero lo que más me gustó, fue el reconocimiento del profesor a decir, llevo años estudiando las bandas sonoras de James Bond y nunca se me había ocurrido esa idea.

Total, que aquí estoy con otra idea de nuevo. Sin profesor ni oficio. Pero lo publico aquí, porque para que esté en mi cabeza, mejor que esté en la cabeza de alguien más. 

De sobra conoceréis la película de Blade Runner con la banda sonora de Vangelis. Y sino, merece la pena. Considerada una de las mejores películas de ciencia ficción de la historia. Vangelis es un compositor griego conocido por su técnica con la electrónica y los sintetizadores para crear ambientes. Vangelis es también el compositor de la banda sonora de Carros de Fuego, película indiscutible si eres atleta.

“Love Theme” es quizás la composición más destacada de Vangelis en Blade Runner y yo cada vez que la escucho, no puedo evitar acordarme de la letra “Can’t take my eyes off of you”, versionada en muchas otras películas. Por más que busco, no encuentro en internet un estudio que apoye mi idea, ni el whatsapp de Vangelis para preguntarle yo misma, pero aquí os dejo con los videos para que los valoréis vosotros mismos.

“Love Theme” de Vangelis fue compuesta en el año 1982, y si escucháis con atención desde el segundo 00:13, podréis cantar, de forma más lenta, la canción de “Can´t take my eyes off of you”, originalmente compuesta por Frankie Valli and The 4 Seasons en el año 1967, segundo 00:15.

Sé vulnerable

La vida puede ser muy emocionante. De hecho; debe. Sino; habrás pasado por ella sin llegar a entenderla.

Tengo veintinueve años de Marta. Veintinueve años de experiencias, de kilómetros recorridos, de gente conocida, de comidas ingeridas y de horas soñadas. Veintinueve años de risas y de lágrimas, de dudas y de lucidez mental. Veintinueve años con este cuerpo, esta cara y atrapada en esta mente que a veces me ha hecho tener la cabeza dentro del culo -con perdón de la expresión- pero también me ha sorprendido con grandes pensamientos y acciones.

La habilidad de sorprenderse a uno mismo. No a otras personas, sino a uno mismo. Esos momentos en los que uno consigue abstraerse del propio autoconocimiento y propiocepción para dejar que todo fluya de manera natural, según sale, y sorprenderte con el resultado. Hay dos escenarios en mi vida en las que he experimentado esa grandiosa sensación de la autosorpresa -llamémosle la “selfie-surprise“- uno, en competición deportiva cuando llegas con una buena preparación, entonces entras en “la zona” de concentración mental en la que la mente se abstrae de todo pensamiento que no sea el que estás haciendo en ese preciso momento y la lectura de los próximos instantes en la competición hasta la meta, para experimentar como tu cuerpo responde, sorprendiéndote con su rendimiento, porque, en realidad, en el entrenamiento, no has dejado lugar para sorpresas.

El segundo escenario ocurre cuando llevo cinco cervezas…..es broma. Me bastan tres.

El segundo escenario ocurre cuando sales de la zona de confort para entrar en zona mágica. Es necesaria también la abstracción de la propia consciencia de uno mismo, para vivir en ese preciso instante, saborear cada segundo, olvidarse de la apariencia del propio ser fente a los demás para ser completamente vulnerable a todo lo que pueda venir en esos momentos mágicos, tanto para bien como para mal.

Ser vulnerable no es una debilidad, sino una fortaleza. Uno puede basar su vida en el autocontrol y la protección de la vulnerabilidad, creyendo que eso le hará más fuerte cuando en realidad, hace más cobarde.

Sí, cuando uno es vulnerable se expone a decepciones, a la vergüenza, al miedo y a la duda de la propia valía de uno como persona, pero también se expone a la alegría, a las respuestas positivamente inesperadas de otros, al crecimiento personal y a la sensación de conectar con uno mismo y aquello que le rodea, sea el amor, la amistad o la naturaleza.

Ser vulnerable también significa serlo con uno mismo. Aceptarse a uno mismo, con sus “cagadas” y sus éxitos. Es también saber, que nada en esta vida es eterno. Que el blanco es un color y el negro es la suma de todos. Que los colores no son más que meras refracciones de rayos de luz y que el verdadero arcoiris es el abanico de emociones con el que vivimos cada día. Saber que lo único certero, es la muerte, y que hasta entonces, merece la pena dar muchas vueltas. Cuando uno llegue a anciano, la vitrina de las medallas será algo a lo que quitarle el polvo y que serán sólo los recuerdos, aquello que haya valido la pena.

Sé vulnerable. Sé intenso. Sé crudo.

Aire

Cuando el mundo deje de ser mundo
Y de la miseria tan sólo queden cenizas,
Cuando ya no quede más azúl en el cielo
Y entre penumbra se muevan las vidas,

Cuando de océano sólo queden marcas de agua
De las olas que van y vienen cada día
Cuando la erosión convierta en una playa
Las arenas de tu roca, vida mía

Cuando la savia de los verdes brotes
Hayase convertido en corteza raída
Cuando olviden las arrugas en tu piel
Lo que un día fue nuestra alegría

Aún nos quedará el aire que respiramos
Para recordar que el mundo aún gira.

"To see the world, things dangerous to come to, to see behind walls, draw closer, to find each other and to feel. That is the purpose of Life" The Secret Life of Walter Mitty

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